El vagabundo.

Menudo día he tenido hoy, al parecer mi mala suerte comenzó desde que tropecé con esos tipejos que me empujaron y trataron de quitarme el poco dinero que tenía para comer, unas cuantas monedas que había podido conseguir en el cruce unas cuantas calles antes, así que por mi mente lo último que pasaba era dárselo a ellos. ¿para que lo gastaran en drogas? Jamás. Pero, al parecer a ellos no les gusto mi idea, ya que, sin perder oportunidad cuando me negué procedieron a darme un picotazo en la pierna con la punta de un desarmador que quien sabe de dónde diablos sacaron porque minutos antes no lo tenían.

Los desgraciados no satisfechos con eso me pisaron el pie y tobillo izquierdo hasta el punto de torcérmelo, total que al final me quitaron las pocas monedas que llevaba conmigo, pero esos idiotas no se percataron (posiblemente por su éxtasis momentáneo) de que el más joven de ellos dejo caer una bolsa con marihuana, imbéciles.

Espero que se encuentren lo suficientemente lejos cuando se den cuenta, porque en cuanto lo noten volverán, y yo me encontrare vendiéndola muy lejos de aquí. Desgraciadamente a mi pierna no le parece tan buena idea caminar, aun sangra y al parecer mi tobillo se ha hinchado lo suficiente como para parecer una pelota de béisbol. Lo único que me hace seguir caminado es la motivación de que venderé esta porquería y tendré la cena que me merezco, aquella que hace años no he tenido.

Tan solo había caminado unas cuadras cuando a lo lejos pude vislumbrar las luces de una patrulla de policía, para mi suerte no venían por mí, los muy holgazanes estaban esperando a que terminaran de lavar su camioneta y decidieron prender la sirena para impresionar a las mujeres que pasaban por ahí. Idiotas.

Todo iba viendo en popa hasta que aquel fastidioso perro que había salido de quien sabe dónde decidió iniciar un pleito contra mí y trato de morderme, por suerte solo ladro dos veces más y me dejo en paz, creo que si no se hubiera callado pronto hubiera llamado la atención de los holgazanes… quise decir, patrulleros que se encontraban cerca.

Aun ni siquiera llegaba a la esquina de la calle cuando al voltear pude sentir como mi sangre se helaba al ver a los estúpidos que antes me había causado tantos problemas, decidí quedarme cerca de la patrulla, prefiero tener que lidiar de nuevo con aquel estúpido perro y terminar en la cárcel por posesión de drogas, que tener que aceptar la posibilidad de morir esta noche.

Solo espero vivir lo suficiente para disfrutar la cena, hace días que no he comido más que sobras, y si he de morir, no quiero que sea hoy, a menos no con el estómago vacío.

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Publicado por

Rodrigo Lara

Químico Farmacéutico Biólogo🔬•Universidad Veracruzana⚜•Xalapa-Coatzacoalcos•Escritor y fotógrafo en proceso.

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